La luz que nos llama de vuelta a casa
Cada diciembre, cuando el mundo alcanza la calma, durante las largas noches de invierno, nos sentimos atraídos por el viejo símbolo que ha guiado a los buscadores a lo largo del tiempo: la estrella de Navidad. Suspendida en la inmensidad del cielo nocturno, la estrella de Navidad brilla como un mensajero atemporal, un recordatorio de la luz que vive dentro de cada uno de nosotros y nos une.
En el espíritu de las enseñanzas de Ontogonía, la estrella de Navidad es más que un evento celestial o una tradición sagrada. Refleja el viaje interior, el despertar de la conciencia que ocurre cuando nos vamos hacia dentro de nosotros mismos, escuchamos con profundidad y podemos seguir el sutil susurro de nuestra alma.
La estrella siempre ha sido una guía, un punto de orientación en momentos de incertidumbre. Para los sabios de la antigüedad, la estrella era señal del nacimiento, la revelación y la posibilidad divina. Para nosotros simboliza la chispa de nuestra verdadera naturaleza, el resplandor en el centro de nuestro ser. Cada momento de despertar es una estrella que surge. Cuando la conciencia se expande, cuando la compasión nos abre el corazón, y cuando nuestra realidad es la verdad que se impone al hábito o el miedo, nace una estrella dentro de nosotros.
Esta temporada nos invita a que hagamos una pausa y reconozcamos la luz que está presente en nuestras vidas: una respiración más profunda, una comprensión más clara, un momento de perdón, un atisbo de paz, una elección alineada con el alma. Estas sutiles y luminosas semillas de conciencia pueden ser pequeñas, pero lo suficientemente poderosas como para iluminar todo nuestro camino.
La Estrella también nos recuerda la inmensidad en la que habitamos, apunta al misterio, a la dimensión del ser que no puede ser comprendida por la mente, que es conocida por el corazón. La práctica ontogónica nos muestra que la verdadera guía a menudo no proviene de la certeza, sino de la apertura. Los Sabios que siguieron la Estrella no podían saber a dónde los llevaría, ellos simplemente confiaron en la llamada, se dejaron guiar y caminaron hacia lo desconocido. Se nos ofrece la misma invitación: que caminemos con humildad, presencia y fe, siguiendo la brújula interior que nunca falla cuando la escuchamos.
En última instancia la Navidad es una celebración de la unidad: un encuentro entre lo divino y lo humano, el cielo que toca la tierra, de la luz dentro de cada uno de nosotros que se reconoce a sí misma en el mundo. Nos recuerda que somos parte de una creación más grande, nos dice que compartimos el mismo aliento y venimos de una misma fuente. Cada acto de bondad fortalece el corazón colectivo, y cada paso hacia la conciencia bendice la totalidad. La Estrella brilla para todos, sin distinción, condición o juicio. Su luz cae por igual sobre cada camino, cada ser, cada momento. En este mismo espíritu, que en esta temporada nuestra presencia sea un regalo de calidez, compasión y humanidad compartida.
A medida que nos acercamos al umbral de un nuevo año, la Estrella de Navidad nos invita a reflexionar: ¿qué luz interior me impulsa a seguir adelante? ¿Qué verdad busca revelarse? ¿Hacia dónde me está guiando mi alma ahora? Cada uno de nosotros lleva una estrella, un punto de brillo y propósito que requiere de nuestro reconocimiento. Cuando la honramos, la nutrimos y elegimos seguirla, nos unimos a la gran armonía de la vida. Este es el corazón del camino de Ontogonía: un viaje guiado por la conciencia, iluminado por la sabiduría y realizado con amor.
Que esta Navidad te traiga momentos de quietud en los que sientas el suave resplandor de tu estrella interna. Que esto te traiga conexión, que te recuerde que recorres este camino con innumerables compañeros y compañeras que también están en la búsqueda. Que venga con calidez, suavice tu corazón y lo abra hacia la compasión. Y que tanto la Estrella del cielo y la que llevas dentro de ti, guíen tus pasos hacia un año lleno de claridad, paz y despertar.
En todas las culturas y tradiciones, la Estrella de Navidad ha simbolizado la brújula, la revelación y la alineación divina. La Estrella marca el momento en que algo sagrado irrumpe en lo ordinario, iluminando un camino a seguir en tiempos de incertidumbre y transición. Sin embargo, la Estrella de Navidad no es solo un símbolo del pasado, es una metáfora viva. Cada año, la Estrella de Navidad nos llama a alinearnos con la luz, a dar luz a algo nuevo dentro de nosotros mismos y a caminar con propósito y presencia a través de la oscuridad hacia el despertar.
En el largo silencio del invierno,
cuando la tierra duerme y la noche se vuelve más profunda,
una sola estrella se eleva
clara, inquebrantable,
un susurro de eternidad frente a la oscuridad.
Es la Estrella que llama al alma a casa.
Una luz antigua que nos recuerda
que la guía siempre es ofrecida
a quienes se atreven a alzar la mirada.
No brilla solo en el cielo,
sino en las cámaras ocultas del corazón.
Una chispa de recuerdo Divino,
la promesa de que algo sagrado
aguarda para nacer en nosotros.
En estos tiempos de cambio,
cuando el mundo tiembla de incertidumbre
y el camino por delante parece velado,
la Estrella de Navidad aparece
como un mensajero suave:
Sigue la luz.
Confía en la voz silenciosa del interior.
Permite que la nueva conciencia que despierta en ti
emerja como el amanecer.
Porque la Estrella no es una historia del pasado.
Es una invitación viva,
a volver a la esperanza,
a volver a despertar,
a caminar con valentía
hacia la promesa de un mundo más luminoso.
Con calidez y deseos de unidad,
El equipo de Ontogonía
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